Kamila
El olor acre a gasolina y tierra batida impregnaba el aire, mezclándose con el latido grave y visceral que reverberaba desde los altavoces del evento. Llegamos al estand donde estaba mi cuñado, un refugio de metal y adrenalina. Él pronto rodeó a mi hermana por la cintura y la besó con posesividad y cariño. Letícia aún sonreía, exhibiendo aquel brillo inconfundible de "esposa orgullosa" justo después del beso de buena suerte que le había dado a su marido.
Me quedé genuinamente sorprendi