Felipe
Llego al lugar donde va a ocurrir la carrera y pronto mi corazón se acelera, latiendo en sintonía con el ronco ensordecedor de los motores y los latidos electrizantes que vienen de los altavoces. Un rock internacional suena muy alto, pero la sinfonía de sonidos que viene de la gente, los gritos de incentivo y el silbar de los escapes, apaga cualquier otro sonido.
La agitación de los pilotos es contagiosa; el brillo de determinación en los ojos de los competidores me pone ansioso por ver