Felipe
Sigo hacia la dirección que el señor Carlos me proporcionó. Al llegar, lo encuentro inclinado sobre el capó del coche, mirando el motor con aire perdido; claramente no entiende mucho de mecánica. Al verme llegar, su semblante se tranquiliza inmediatamente, como si un peso se hubiera quitado de sus hombros. Salgo de mi coche y lo saludo con un gesto respetuoso.
Cojo una linterna de emergencia que siempre llevo conmigo e ilumino el interior del capó para un análisis rápido. Me doy cuenta,