—Ni de broma voy a dejar que vayas así a clases. Pero si vas a usarlo solo para mí en esta cama, te compraré toda la tienda.
Consentir a su chica era su especialidad, sobre todo de puertas para adentro. Estaba más que dispuesto a gastar lo necesario para el placer de ambos.
Zoey sonrió ante su generosidad. Era un hombre que no escatimaba en consentir a su pareja. No era de extrañar que Darel se resistiera tanto a dejarlo ir. Nadie sabía mimar como él.
—¿Debería cambiarme primero? Quizá así sea m