Dante estaba agotado. Nadie le dijo que ser alfa de una manada traería, además de fama entre su raza, tantos dolores de cabeza, por lo que apenas tuviera tiempo de estar con su familia. Maldecía. Quería vacaciones, y eso era lo que había vuelto loco a Falco cuando le había dicho que al otro día no contara con él.
Un día siendo un lobo normal no tendría consecuencias ¿verdad?
Entró, por fin, a su habitación bien entrada en la noche y la imagen que vio lo hizo sonreír y enternecerse.
–Llegaste –