Kari
Spencer y yo estábamos sentados en nuestra habitación. Él estaba tendido en su cama jugueteando con el teléfono, y yo en la silla de la computadora, girando lentamente y pensando en lo que mi mamá y mi padrastro Mike acababan de explicarnos.
Nuestro hogar había sido seleccionado por el gobierno para participar en una prueba piloto de una nueva cosa llamada “Hogares de Uso Libre”, diseñados para facilitar la apertura hacia el sexo y también para aumentar la tasa de natalidad. La idea era