MANDY
—¿Entonces ahora soy tu tutora legal? —pregunta Sarah con una sonrisita destinada a aliviar un poco la situación. Estoy sentada frente a ella en el suelo de su habitación, cada una bebiendo un chocolate caliente que su madre tuvo la amabilidad de prepararnos, contemplando el fin del mundo.
—Bueno, técnicamente, ahora que tengo dieciocho —empiezo a decir, pero entonces una oleada de tristeza me invade como una náusea y agito la mano y me dejo caer de espaldas—. A la m****a, déjalo. Sí, pu