135 revolvió su cabello por sexta vez en el día, ese maldito sueño que había tenido con Callista lo había atormentado toda la mañana y no era solo eso lo que le molestaba sino la maldita erección que traía en los pantalones, no podía trabajar ni siquiera.
Callista estaba entrando en él de una manera que nunca pensó y que ni siquiera Tabbitha a quién quiso tanto se le asemejaba.
La obsesión por esa hembra era casi espeluznante y ahora que comenzaba a tener sueños eróticos con ella todo era peor.