Carolina entró en su casa sonriendo de oreja a oreja con el corazón acelerado cuanto más el pulso.
Pero eso no era nada para extrañarse, siempre que volvía de estar con Demon llegaba en las mismas condiciones.
Se apoyó en la puerta sin importarle que lo frío de ésta chocara contra la piel desnuda de su espalda y se dejó caer al suelo con un sonrojo cubriéndole el par de mejillas, entonces soltó una risita al pensar en él.
Ese macho conseguía volverla adicta a su esencia, él era todo lo que la