Demon dejó la cajita sobre la encimera de la cocina sin atreverse a abrirla.
Apoyó los puños sobre el mármol cerrando los ojos, tratando de respirar y no ahogarse.
¡Maldita mujer!
Una y mil veces maldita.
¿Por qué lo tentaba de esa vil manera? era como una bruja que lo hechizaba a caer en sus redes. Su dulce aroma hacía que su temple flaqueara sin compasión.
Ella era una cachorra pero su mente no podía comprenderlo, su cuerpo la necesitaba, necesitaba aplacar el fuego que sentía por ella, por