CAPÍTULO 60

La mañana en que Alexander acompañó a Elena a la clínica, el cielo de la ciudad parecía haberse teñido de un gris metálico, un reflejo exacto del estado de ánimo que lo consumía. A pesar de que intentaba mantener una fachada de serenidad para Elena, sus manos temblaban ligeramente mientras sostenía el volante del auto. Ella, sentada a su lado, no dejaba de sonreír; había una calma nueva en su rostro, una plenitud que Alexander no le había visto ni siquiera en sus mejores momentos en París. Ella
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