A las ocho cincuenta y siete de la mañana siguiente, Elara entró en la sede de Ravaryn Global.Cincuenta y ocho pisos de cristal y acero se elevaban sobre la ciudad.Fríos.Imponentes.Inalcanzables.Como Lucien.—Elara Grey, Lunaris Capital —dijo en recepción.La mujer detrás del mostrador sonrió.—La están esperando, señora Grey.Señora Grey.No señora Ravaryn.Nunca más.Elara tomó el ascensor privado hasta el piso cincuenta y cuatro.Mientras las cifras ascendían, observó su reflejo en el espejo.Traje negro.Camisa blanca.Cabello recogido.Rostro sereno.Nadie habría imaginado que había dormido menos de tres horas.Nadie habría imaginado que había pasado parte de la noche recordando cómo sonaba la voz de Lucien cuando decía su nombre en la oscuridad.Había ensayado la reunión una docena de veces.Buenos días, señor Ravaryn.Aquí están los términos de Lunaris.Estos son los riesgos.Este es el precio.Nada personal.Nada del pasado.Nada de hijos.La noche anterior, Leo había tar
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