—¿Leo es mi hijo?La pregunta quedó suspendida en el aire.Elara había imaginado ese momento cientos de veces.En algunas versiones, Lucien gritaba.En otras, la acusaba.En otras, simplemente se iba.Pero nunca había imaginado que ocurriría así.En la cocina de un apartamento temporal.Con platos sin lavar sobre la mesa.Con dibujos infantiles pegados en la pared.Con la voz de un hombre que alguna vez fue su esposo preguntándole por el hijo que había criado solo.Ella no respondió.Y ese silencio fue suficiente.Los ojos de Lucien cambiaron.No fue una reacción explosiva.No era su estilo.Lucien Ravaryn nunca perdía el control delante de los demás.Pero Elara lo conocía.Conocía la forma en que sus dedos se cerraban lentamente cuando estaba conteniendo una emoción.Conocía la tensión en su mandíbula.Conocía esa mirada.La misma que tenía cuando una cifra no coincidía en un informe financiero.La misma que tenía ahora.Como si su mente estuviera intentando aceptar algo que su coraz
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