Narrado por FrancescaEl aire en el pequeño pueblo costero de la Patagonia argentina no se parecía a nada que hubiera respirado antes. Era un aire puro, cortante, que traía consigo el olor de la sal, de la tierra lejana y, sobre todo, el aroma de una libertad que todavía me resultaba extraña, como si fuera una prenda que aún no terminaba de ajustarse a mi cuerpo.Habían pasado seis meses desde que dejamos Italia. Seis meses desde que el Capitán Alessandro Rossi dejó de existir para el mundo, convirtiéndose en Alejandro, un hombre que trabajaba en el mantenimiento de pequeñas aeronaves agrícolas en un aeródromo olvidado por los mapas oficiales.Me encontraba sentada en el porche de nuestra pequeña cabaña de madera, acunando a nuestra hija, Elena. Sus ojos, una mezcla del gris tormentoso de su padre y el oscuro profundo de los míos, observaban las montañas con una curiosidad que me llenaba de esperanza. Elena era nuestra prueba de fuego, la razón por la que cada amanecer valía la pena e
Leer más