El descenso desde el Pico de las Brujas se sintió como una caminata a través de una nieblaque finalmente se disipaba para revelar el horizonte. A medida que los guerreros de Colmillo de Plata dejaban atrás las ruinas de piedra gris, el peso aplastante que había sofocado el pechode Elena durante meses terminó de evaporarse. Ya no quedaba ningún eco punzante en lavena de su cuello, ningún susurro tóxico recorriendo su sangre. El lazo artificial había sidoerradicado no por la fuerza, sino por la verdad inquebrantable de su propia decisión.Al llegar al campamento base, los sanadores del norte se hicieron cargo del cuerpoinconsciente y sin poder de Damian. La magia prohibida del altar le había arrebatado el núcleode Alpha, dejándolo como un lobo ordinario y roto. Sin títulos, sin la gracia de la Diosa y sin elrespaldo de los clanes, el hombre que una vez atemorizó a la manada era ahora una sombrapatética destinada a vivir con el remordimiento de sus propias decisiones.E
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