A pesar de la conversación honesta que Elena y Dante habían sostenido durante la reunión con el equipo legal, aquella noche, mientras ambos se preparaban para dormir, Dante permaneció considerablemente más callado de lo habitual, sumido en pensamientos que Elena no lograba descifrar completamente. —Dante, ¿todavía sigues preocupado por lo que discutimos esta tarde? —preguntó Elena, notando la distancia sutil que había regresado a la expresión de su esposo. —Estoy bien, Elena, solo pensando en la mejor estrategia para enfrentar a Bruno —respondió Dante, aunque Elena percibió, con cierta inquietud, que aquella respuesta no reflejaba completamente la verdadera naturaleza de sus pensamientos. Sin embargo, lo que Elena no podía saber era que, aquella misma noche, Dante había decidido, en privado, iniciar una investigación considerablemente más profunda sobre el pasado de su esposa, no exactamente por una desconfianza activa hacia ella, sino por una necesidad casi compulsiva de descartar
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