Tres días pasaron desde aquella dolorosa conversación en el despacho, tres días durante los cuales Elena sintió que la distancia entre ambos se ensanchaba considerablemente, a pesar de que ambos continuaban durmiendo, incómodamente, en la misma suite principal. Dante había regresado a horarios de trabajo excesivamente largos, evitando cualquier momento de cercanía genuina, y Elena, cada día, sentía que la herida provocada por aquel rechazo repentino se profundizaba considerablemente. Sin embargo, aquella tarde, mientras Elena descansaba en la biblioteca, sintió una determinación creciente que finalmente la impulsó a confrontar directamente la situación, negándose a permitir que el miedo de Dante continuara dictando, sin ningún cuestionamiento, el rumbo completo de su relación. —Dante, necesitamos hablar ahora mismo —dijo Elena, entrando decididamente al despacho de su esposo, encontrándolo nuevamente inmerso en documentos financieros relacionados con la investigación sobre los movim
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