Al abandonar el edificio Beaumont, Elisa notó cómo el aire fresco de la tarde comenzaba a eliminar la presión que había acumulado a lo largo del día. El camino hacia su hogar fue muy tranquilo, su único deseo era relajarse. Al abrir la puerta de la casa, fue recibida inmediatamente por un profundo silencio. —¿Nora? —preguntó mientras dejaba su bolso sobre el sofá. No recibió ninguna respuesta, tomó su teléfono móvil y marcó el número de su amiga una vez, luego, hizo una segunda llamada y finalmente, un tercer intento, pero no hubo respuesta. Elisa miró la pantalla durante unos momentos antes de poner el teléfono de nuevo en su bolso. —Seguro que sigue en el restaurante. Esa suposición le pareció la más razonable, recientemente, el negocio de Nora había tenido cada vez más clientes y, cuando eso sucedía, era común que volviera mucho más tarde de lo habitual. Sin preocuparse demasiado, se dirigió hacia su habitación, colocó la maleta al lado del armario, recogió ropa limpi
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