Capítulo 12. El Harén del rey.
Benjamín DrakeMientras caminaba por los pasillos vacíos, la imagen de la Señorita Wardwell empapada en vino, con la cabeza baja frente a esas traidoras, se repetía en mi mente como una tortura.No era solo la humillación física lo que me enfurecía; era el hecho de que ella, una mujer que me había desafiado en más ocasiones que las que podía contar, hubiera sentido la necesidad de rebajarse para sobrevivir en mi hogar.Mi hogar…Qué palabra tan irónica para un lugar construido sobre huesos, sangre y maldiciones.Entré en mi despacho y me serví un vaso de whisky, el líquido quemando mi garganta casi tanto como la marca del vínculo hace unas horas atrás.Me senté frente al ventanal que dominaba los jardines, observando cómo las sombras de los árboles se ramificaban bajo la luz implacable de la luna llena.Ella estaba allí, a solo unos pisos de distancia, probablemente planeando cómo destruirme. Y yo, el soberano absoluto, el rey maldito, estaba aquí, defendiendo su honor contra mis prop
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