Dexter, por orden de Vega, se había quedado conmigo y con Carmen en la cocina. Se colocó junto a la puerta, bloqueando el paso con su cuerpo ancho y el fusil listo en las manos. Carmen me tenía agarrada del brazo, temblando, mientras yo trataba de escuchar lo que pasaba en el pasillo.—Manténganse en silencio —nos dijo Dexter en un susurro, sin despegar la vista del marco de la puerta—. Si escuchan disparos, se agachan de inmediato.—¿Quién crees que sea? —le pregunté a Dexter en voz muy baja, sintiendo cómo el frío de la incertidumbre me quemaba la garganta.— Ni idea, pero si es tu padre, vino con sed de sangre, niña —respondió Dexter sin volverse—. Aunque no se lo vamos a poner tan fácil.No se veía nada hacia afuera desde donde estábamos, pero el silencio tenso de la casa hacía que cualquier crujido de la madera retumbara como un trueno. Escuché el chasquido metálico de la cerradura siendo forzada desde el porche trasero. Alguien estaba adentro o a punto de cruzar el umbral. Un se
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