ZOEAlexander se alejó en cuanto terminó la canción y, por primera vez en toda la noche, no hizo ningún intento por quedarse con la última palabra.Debería haberlo considerado una victoria.No lo hice.Me quedé unos segundos junto a la pista, viendo cómo se abría paso entre los invitados hasta regresar junto a la mujer que había llevado a la fiesta. Isabella le dijo algo y Alexander respondió con una sonrisa breve, como si la conversación que acabábamos de tener no hubiera removido meses de resentimiento.Yo no tenía la misma facilidad para fingir.Sus palabras seguían clavadas en mi cabeza.Según Alexander, yo había sido quien convirtió el amor en un arma. La mujer con la que había planeado casarse había escogido después a su hermano y, por mucho que me molestara su manera de contar nuestra historia, no podía negar que lo había lastimado.Eso no significaba que estuviera dispuesta a aceptar toda la culpa.—Por tu cara, asumiré que ese baile terminó maravillosamente —comentó Clara cua
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