ManuelaSu pene es demasiado grande. El de Andrés ni siquiera era de la mitad de ese tamaño, por lo que entra bastante forzado, lastimándome al principio, pero no iba a darle el gusto de oírme gritar. —Joder, cómo estás de apretada —Lo oigo exclamar con auténtico placer—. Casi diría que eres virgen de lo estrecha que es.Mi cuerpo se amolda al exagerado tamaño de su miembro, lo que no me trae más que problemas, porque sin querer comienzo a disfrutar con lo que está haciendo, y temo que él lo note, porque quiero que sea cuánto lo odio por lo que está haciendo, cuánto me repugna lo que hace, lo mucho que lo despreciaré por siempre, por lo que, si sabe que lo comienzo a disfrutar, solo aumentaré su ego y echaré a perder lo que quiero que él sienta.—Cómo te has humedecido, conejita —exclama mientras me embiste, y no hay nada que pueda hacer para evitar que mi cuerpo responda con satisfacción a lo que hace—. No puedes negar que lo estás disfrutando.—Nada de eso, cretino —le digo, con to
Leer más