—¿De qué habla, heredero? —preguntó Fiorella, levantándose lentamente de su asiento—. ¿Acaso no sabe que nuestra unión no es únicamente por amor, sino también por el clan?Lorenzo la observó con una expresión imperturbable.—Tal como lo oyes, Fiorella. Nosotros no seremos marido y mujer. Al menos, no de la manera que todos esperan. Frente a nuestras familias seremos una pareja perfecta, una unión poderosa que demostrará que los Ferrano y los Donnati están unidos.Hizo una pausa.—Pero cuando crucemos las puertas de nuestra casa, todo cambiará. No seremos más de lo que somos ahora: simples conocidos.Las palabras cayeron entre ambos con una frialdad inesperada.Fiorella permaneció inmóvil.Por unos segundos no supo qué responder.—¿Por qué…?La pregunta salió de sus labios con un leve titubeo.Sus ojos se humedecieron apenas, aunque se negó a permitir que las lágrimas cayeran.Lorenzo lo notó.—Fiorella, hay algo que debes saber antes de aceptar este acuerdo.Ella levantó la mirada.—Yo
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