El fin de semana posterior a la boda fue un pozo sin fondo. Pasé cuarenta y ocho horas encerrada en mi habitación, ahogada en un mar de llanto, repasando cada maldito segundo de la traición de Carlos. Me sentía rota, humillada y vacía. Nunca nadie me había hecho sentir de esa manera, Carlos había sido el primero, y lo peor fue que no lo vi venir.Sin embargo, el domingo por la noche, mientras me miraba al espejo con los ojos hinchados y el rostro pálido, algo dentro de mí hizo clic. Sentí un asco profundo, no solo por él, sino por lo que me estaba haciendo a mí misma. Carlos Mendoza no merecía una sola lágrima más. No valía la pena arruinar mi vida por un cobarde.Tenía que hacer algo conmigo, sacudirme el polvo y empezar de cero. Así que tomé una decisión radical: empaqué lo mínimo, compré un boleto de avión y decidí marcharme a Inglaterra con mi hermano Isaac. Era momento de volver a trabajar, de recuperar mi carrera como modelo y comerme el mundo.___Un día después, me acomo
Leer más