Flora, sentada junto a su mamá en el auto, tomó la mano de Windy con una expresión inocente y llena de sinceridad.—Mamá, habría sido más divertido si hubieras venido. Flora quería que mamá también estuviera allí.Windy, al escuchar eso, sintió que el corazón le dolía de una forma muy tierna.—¿Por qué no me despertaron, mi amor?Y esa pregunta abrió la siguiente historia.Los seis niños, apretados en el asiento trasero de la camioneta, empezaron a responder todos a la vez, alborotados.—¡Gritamos al lado de tu cama, mamá!—¡Sí! ¡Te llamamos muchas veces! ¡No despertabas!—¡Flora gritó más fuerte! ¡Pero mamá no despertaba!—¡Billy hasta dijo tu nombre tres veces en voz muy alta!—¡Yo cuatro! —protestó Donald, que no quería quedarse atrás.Windy, al escuchar eso, se quedó callada. Entonces no solo Davin intentó despertarla. Sus seis hijos también lo habían intentado. Y aun así no despertó, porque dormía demasiado profundo.Windy sintió vergüenza de sí misma. Todo el día había estado pe
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