El doctor Lucky, que ya había dado instrucciones a su equipo médico para llevar a Windy a la sala de tratamiento, se giró de inmediato hacia Davin, que seguía inmóvil cerca de la puerta de urgencias. Algo que llevaba rato notando hizo que el doctor frunciera muchísimo el ceño.
Davin estaba herido.
No eran heridas leves. Alrededor de ambos ojos tenía sangre ya seca. La espalda de su costoso saco estaba rasgada y un poco quemada en varias partes. Había un olor muy tenue que el doctor Lucky recono