A la mañana siguiente, el reloj apenas marcaba las siete cuando Davin ya estaba sentado en el consultorio del doctor Lucky. Llevaba un traje impecable, como siempre, el cabello perfectamente arreglado y el rostro descansado, aunque la noche anterior no había dormido lo suficiente.
El doctor Lucky terminó una serie de exámenes en los ojos de Davin. Varias pruebas de reconocimiento facial, ya rutinarias en cada visita. Algunas preguntas sobre su estado últimamente.
Después de anotar todos los res