Unas horas después, la puerta de la sala de urgencias por fin se abrió.
Davin salió en una silla de ruedas empujada por una enfermera, aunque su expresión dejaba clarísimo que no quería estar en esa silla. Tenía los ojos parcialmente vendados alrededor de las cejas y las sienes. La espalda ya estaba tratada, aunque seguía doliéndole.
Toni, que esperaba afuera, se acercó de inmediato.
—¿Cómo está Windy? —preguntó Davin, incluso antes de que Toni pudiera abrir la boca.
—La señorita Windy sigue en