RAINAAbrí la boca, pero no salió ninguna palabra. ¿Cómo podía responder a eso? ¿Cómo podía decirle que no sabía cuándo, o incluso si, tendrían el tiempo juntos que tanto merecían? En lugar de responder, Dominic la levantó con cuidado y la tomó en brazos para que yo pudiera acercarme a Liam.Extendí la mano y rocé su mejilla con la punta de los dedos. Su rostro se veía tan tranquilo, tan diferente del miedo y el sufrimiento que había visto antes. Un enorme alivio me inundó. Liam no iba a morir. O al menos eso era lo que esperaba. Aunque ese alivio estaba empañado por una rabia profunda que hervía justo bajo la superficie.—Eliza intentó matarlo —susurré con la voz cargada de furia—. Tengo pruebas. Pero... mi teléfono... no sé dónde está. Podría haberse quedado en el hospital donde me atacaron, o quizá siga en ese almacén.Apreté con fuerza el borde de la cama de Liam, obligándome a mantener la calma. Tenía que encontrarlo. No podía permitir que Eliza saliera impune de esto.Respiré ho
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