--- La resistencia de Alice es inútil. La arrastré hasta la puerta del baño, sellando nuestro destino con un empujón final. Para mí, todo es tan sencillo, tan natural. Soy fuerte, imponente, la sobriedad me da la ventaja que necesito. Ella, débil, dudosa, embriagada, es presa fácil en mis manos. Sé exactamente lo que ella anhela, lo que su cuerpo suplica. Y esa certeza me excita, me enloquece, me transforma en un depredador insaciable. Necesito tenerla, necesito poseerla, necesito hacerla mía, aquí y ahora. —No, Davi... Las chicas van a notar mi ausencia. Van a venir a buscarme —intenta argumentar ella, un último intento desesperado de liberarse de mi dominio. —Que busquen todo lo que quieran. Hoy, te vas conmigo. Y de una forma u otra, quieras o no —respondo, con una sonrisa cruel, la posesión rebosando en cada palabra, erizando cada centímetro de su piel. Me acerco lentamente, saboreando su miedo, su excitación, su inevitable rendición. Beso su cuello con voracidad, clavando mi
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