—Ya me has oído —dijo Isabella, mirando de reojo a Tessa—. Olivia y mi hermano han estado... enrollándose.Olivia gimió, pasándose una mano por la cara. —Por favor, no lo digas así.Tessa las miró fijamente a las dos. Durante un momento, no dijo nada. Luego caminó —despacio, con muchísima calma— hacia una de las sillas y se sentó. Olivia entrecerró los ojos. Eso era sospechoso. Demasiado tranquila, especialmente para tratarse de Tessa. Y entonces——¡Oh, Dios mío! —chilló Tessa, poniéndose de pie de un salto otra vez y dando pisotones contra el suelo como una niña a la que le acabaran de dar el mejor cotilleo del año.Olivia no pudo evitarlo: se le escapó una risita corta. Tessa era ridícula y demasiado dramática.—Oh, Dios mío —repitió Tessa, ahora sin aliento. Luego se giró hacia Isabella, frunciendo el ceño—. Espera... ¿así que tú sabías de esto y no me dijiste nada?—¡Oye! —Isabella levantó las manos a modo de defensa—. No me mires a mí. Yo me enteré hace poco.La mirada de Tessa v
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