—Um... um... Lo siento, pero no creo que pueda —balbuceó.—¿Eh? ¿Por qué? —preguntó él, con expresión decepcionada.—¡No...! ¡No! ¡No eres tú, de verdad! Es solo que no sé bailar, ni un poquito. Así que, para evitar que ambos hagamos el ridículo, creo que será mejor que no lo intentemos —explicó.Williams sonrió y deslizó con suavidad un brazo alrededor de su cintura, acercándola a él.El corazón de Charlotte dio un vuelco en cuanto sintió aquel contacto y tragó saliva con dificultad. Podía escuchar los latidos golpeándole el pecho mientras miraba nerviosa a su alrededor, sin tener idea de qué hacer ni cómo colocarse.Williams soltó una leve risa.—Relájate, mi lady. Ahora pon los brazos sobre mis hombros y regálame una de esas hermosas sonrisas que ya te he visto tantas veces.Charlotte bajó la mirada, avergonzada, y apoyó la cabeza sobre su pecho. Después de todo, él medía casi un metro noventa... la superaba por mucho en altura.¿Qué estaba haciéndole ese hombre?Jamás se había sen
Leer más