**MAGNUS**Entré a la suite principal arrastrando las botas, con una mochila de lona vacía en la mano izquierda. La maldita costura de mi costado me dio un latigazo ardiente, pero la furia que me quemaba el pecho era diez veces peor que el dolor físico. Amara seguía sentada al borde del colchón, balanceando las piernas con esa desfachatez insufrible, vistiendo mi camisa blanca como si fuera la reina absoluta de Belgravia.—Empaca tus cosas, Sterling —le solté, arrojando la lona a sus pies descalzos. Mi voz sonó como un escofinado de metal, seca y gélida—. Se acabó la farsa. No voy a perder los hoteles de mi padre por los caprichos de una heredera rebelde. Esta misma noche te devuelvo a Mayfair y te entrego a Julian.Amara ni pestañeó. Su osadía mutó en una sonrisa cargada de pura malicia. Se puso en pie despacio, acortando la distancia con pasos felinos, flotando sobre la alfombra hasta quedar a milímetros de mi pecho. El aroma a jazmín de su piel me invadió el entorno, nublándome la
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