El sonido agudo del teléfono cortó el silencio de mi habitación, sacándome de la niebla de desplazarme por el móvil.El teléfono de Ethan, tirado en mi cama donde lo había lanzado antes, vibraba insistentemente. Miré la pantalla: el nombre de Mike parpadeaba en negrita. El estómago se me retorció.¿Mike, mi novio, llamando a Ethan? ¿Por qué? Ethan, tendido en mi sillón de pelotas, apenas levantó la vista del mando de la consola.—Oye, contéstalo —dije; la voz más afilada de lo que pretendía.Ethan gruñó, pausó el juego y agarró el teléfono. —Sí, Mike, ¿qué pasa? —El tono era casual, pero me incliné más cerca, esforzándome por oír la voz amortiguada al otro lado—. Nah, estoy en mi casa, solo relajándome. ¿Por qué?El corazón me latía. Mike estaba comprobando el paradero de Ethan. Conocía ese tono: estaba indagueando, asegurándose de que Ethan no estuviera cerca de su casa.La cara de Sophie me cruzó la mente: mi mejor amiga, siempre un poco demasiado cerca de Mike, siempre riéndose
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