Los golpes de Gwen se volvieron más suaves con cada intento, su voz convirtiéndose en un eco que se desvanecía fuera de la gruesa puerta. —¿Su Alteza? Por favor… solo necesito un momento… No hubo respuesta. Tras una larga pausa, Astra oyó a Gwen suspirar, derrotada. Los pasos se alejaron por el pasillo hasta que regresó el silencio. Dentro, los besos del Alfa se ralentizaron. Sus manos, antes salvajes y posesivas, comenzaron a calmarse. La tormenta detrás de sus ojos brillantes parpadeó y luego se apagó, hasta que regresó el familiar tono dorado. Sus labios se separaron de los de ella, rozando suavemente su mejilla mientras exhalaba un largo suspiro, casi como si despertara de un trance. Apoyó su frente contra la de ella, con el pecho aún agitado, pero el filo del influjo de la luna llena por fin comenzaba a disminuir. Entonces, sin decir una palabra, la atrajo en un fuerte abrazo y simplemente la sostuvo. Astra parpadeó, sorprendida por la repentina quietud. Su corazón,
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