Capítulo 40: El beso robadoLa Nochebuena se acercaba. Ravenhill brillaba con mil luces, las campanas de las iglesias repicaban en el frío, los niños acechaban el paso del imaginario Papá Noel. Pero en la propiedad Hart, la magia de la Navidad había tomado otra forma —más discreta, más frágil, más incierta.Elena había invitado a unos cuantos amigos a una cena íntima. Su padre, por supuesto. Celeste. Damian —que había venido, a pesar de su declaración rechazada, a pesar de su anillo guardado en el bolsillo. Y Nathaniel.Damian casi había declinado. Pero no podía alejarse de Elena, ni siquiera en el dolor. Así que estaba allí, sentado al otro extremo de la mesa, viendo cómo Nathaniel le robaba el protagonismo.Porque aquella noche, Nathaniel era diferente. Sonreía —sonreía de verdad—, contaba historias, hacía reír a los invitados. Había traído regalos para todos: un libro raro para Gregory, una bufanda de seda para Celeste, un cofre de tés exóticos para Damian —un gesto de apaciguamien
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