Con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho, enderezó la espalda y se llevó la mano a la espalda para desabrocharse el sujetador. Sentía una intensa excitación, su cuerpo vibraba de calor. Levantó los brazos y se quitó el sujetador primero de un lado y luego del otro, dejándolo caer al suelo. Sintió un rubor que le subía por el cuello, pero se negó a reconocerlo. En cambio, alzó la barbilla y se puso las manos en las caderas, desafiándolo a que la mirara a su antojo.No sabía qué esperar, pero Simon sí.—Ya está —dijo—. Me rindo.Apartando las cartas, se acercó a ella. Le acarició el hombro con los dedos, tan suaves y ligeros que la estremecieron, erizándosele la piel con su tacto.—Eres increíblemente hermosa —dijo antes de besarla. Ella lo quería dentro de ella, encima de ella, entrelazado con ella, amándola con la ferocidad y la crueldad que caracterizaban su personalidad.Lo quería, todo de él. Desesperadamente.Sara hundió los dedos en su cabello, disfrutando de su textura.
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