Timothy casi gimió en voz alta, pero en vez de eso, le devolvió la mirada. —Hola —respondió. Un poco de cortesía no le haría daño a nadie, ¿verdad?—Soy Mirabel —dijo la pelirroja, pestañeando con sus larguísimas pestañas—. Encantada de conocerte.—Timothy —dijo él simplemente, y ella le dedicó otra sonrisa. Timothy apretó más fuerte su copa, esperando que la dama entendiera que prefería estar solo esa noche. Pero la suerte no estaba de su lado, pues ella no hizo ningún intento por irse.—¿Qué haces aquí sentado solo? —preguntó Mirabel—. No te habrá plantado tu cita, ¿verdad? Claro que no. ¿Quién le haría eso a un chico tan guapo como tú?Timothy negó con la cabeza. —No, no me dejaron plantado —respondió—. Bueno, más o menos. Iba a quedar aquí con un amigo, pero tuvo que cancelar. Pensé en tomarme un par de copas antes de irme a casa.Mirabel le sonrió de nuevo. —Ya me lo imaginaba, porque ¿quién no querría salir con un hombre como tú? Bueno, supongo que no pasa nada que tu amigo haya
Leer más