El caos que estaba provocando era demasiado emocionante como para negarlo; sus dedos jugueteaban con el pezón que no succionaba, una dulce tortura que le arrancó un gemido agudo a Chloe, quien se enroscó sobre sus anchos hombros para saborear su belleza.Dios, era demasiado bueno en esto. Sus bragas ya estaban húmedas y él ni siquiera se acercaba a su coño. Sus dedos se hundieron en su cabello, manteniéndolo prisionero mientras sus dientes rozaban un clítoris palpitante. Como un imán, arqueó la espalda ante sus caricias, desesperada por más."Joder, eres tan jodidamente deliciosa", murmuró, mientras un rubor teñía sus cincelados pómulos al levantar la cabeza. "No hay ni un centímetro de ti que no quiera saborear".Con manos necesitadas, Chloe lo atrajo hacia sí, gritando cuando él volvió a aferrarse a su clítoris. La succión fue aún más intensa, la lengua y los dientes se volvieron más profundos. —Oh, Dios, sí —jadeó mientras él la torturaba sin piedad.Quizás la intensa sensación que
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