CAPÍTULO 14. EL LENGUAJE DE LOS NÚMEROS
El reloj digital en la esquina de la pantalla marcaba las 6:45 a.m.Elena llevaba una hora sentada frente al escritorio de cristal que flanqueaba la puerta de la oficina de Adrián. Traje sastre gris plomo, el cabello recogido, los dedos moviéndose sobre el teclado con una velocidad que no necesitaba pensarse.El trabajo era lo único que funcionaba como anestesia. Mientras su mente estaba dentro de los números —márgenes operativos, proyecciones trimestrales, fluctuaciones arancelarias— no había espacio para pensar en el dibujo de creyones que Mateo le había mandado la noche anterior. Ni en los doscientos cincuenta mil dólares que la encadenaban a ese piso treinta como si fueran grilletes con logotipo corporativo.A las 7:30, las puertas del ascensor se abrieron.Valeria Montiel cruzó el pasillo con su paso habitual, ese que sonaba a decisión, aunque fuera solo el trayecto entre el elevador y su oficina. Al ver a Elena ya instalada, revisando correos de la directiva, algo en su expresió
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