59. CONFIANDO EN MI JEFE DE SEGURIDAD
ALESSANDRO:Humberto no dijo nada, solo me observó. Confiaba en él, había estado conmigo desde jóvenes. Sabía que sonaba igual que cuando mataron a mi esposa e hijo, o cuando Lilian me abandonó. Mi voz estaba rajada, como si estuviera aguantándome para no llorar. No me dijo nada, me conocía. En esos momentos supo que yo, el Capo di tutti i capi, estaba aterrado, pensando que perdí a mi hija o que la agarraron mis enemigos. También se asustó, porque si era verdad, no quería imaginar lo que se iba a armar después. Me dejó que siguiera hablando sin interrumpirme.—Tu amigo dice que no sabe dónde están, que con él no se fueron de Sutera. Pero si no salieron en esa barca, ¿cómo lo hicieron? —pregunté pensando desesperado—. Tengo la esperanza de que escaparon y están aquí en Italia, porque Azabache, junto a
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