—Mamá, bebe un poco de agua.Nerea le tendió una botella de agua mineral a Sofía, que permanecía sentada, abatida, en una silla metálica. Ahora estaban en el hospital después de haber llamado a una ambulancia. A su lado, Naia tenía una computadora portátil sobre las piernas y mantenía toda su atención fija en la pantalla. La abuela Gia había perdido el conocimiento debido a la crisis de llanto e histeria que acababa de sufrir; todos estaban atormentados por los peores pensamientos sobre su estado.Sofía tomó la botella, pero no la bebió. Solo la sostuvo con ambas manos.—Nerea, ¿y si le ocurre algo?—Tranquila, mamá. Los médicos la están examinando. Además, recibió primeros auxilios dentro de la ambulancia —respondió Naia sin levantar la vista, concentrada en la pantalla de su computadora.Nerea asintió, de acuerdo con ella.—Esperemos los resultados, ¿sí, mamá?—Sigo teniendo miedo —dijo Sofía bajando la cabeza, con los ojos llenos de lágrimas—. ¿Y si le ocurre algo? Ella... ella no
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