Maleya Becerfom—No tienes idea de lo que hablas —Eladio se pasa el pulgar por el borde de los ojos antes de recomponerse—. Tus conclusiones no son correctas. Lo que pasó no tuvo nada que ver conmigo.—Tal vez —concedo—. Pero sé de qué eres culpable. Y también sé por qué sigues aquí.Su mandíbula se endurece.—Cuidado con el tono que estás usando —usa un tono menos pasivo—. No te conviene que todos los que ignoran esa marca…—Basta de amenazas— zanjo su intento.Ni siquiera elevo la voz, porque las amenazas ya no las escucho igual.No después de haber visto a Van Moordrecht y a Gareth a la cara.Y, definitivamente, no después del Halcón.Descubro que existe una diferencia enorme entre intimidar... y ser realmente peligroso.Eladio pertenece al primer grupo.—Estás convirtiendo la certeza de matrimonio en una probabilidad solamente —recalca con el iris descendiendo en tamaño. —¿Crees que, a estas alturas, sigue importándome que no quieras casarte conmigo? —mi risa nace de la peor imag
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