Capítulo 131. El secreto bajo las vendas.
El contacto no fue suave. Fue un choque brusco, caliente y desesperado.Elías aplastó su boca contra los labios del prisionero con una necesidad salvaje que le cortó la respiración a ambos. Su lengua abrió paso sin pedir permiso, buscando el calor, la humedad y el sabor de su saliva. El regusto salado de su propia sangre, seca y costrosa en el labio partido, se mezcló con el aliento acelerado del menor de los Fontana en una combinación adictiva que le terminó de volar la razón.El prisionero emitió un gruñido ahogado en el fondo de la garganta.Intentó girar el rostro para esquivarlo, pero Elías no se lo permitió. Le sujetó la quijada con los dedos, hundiendo las yemas en la piel sedosa y blanca de sus mejillas, obligándolo a sostener el ritmo bestial del beso. La boca de su cautivo tembló contra la suya. Y entonces, sin poder evitarlo, el prisionero abrió los labios y le devolvió el beso con la misma voracidad, mordiendo el labio inferior de Elías en un duelo de deseo y rabia conte
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