Miré a Adrian, de pie frente a mí con el pantalón ya bajado. Su cuerpo era fornido, no tan grande como el de Sebastian, pero más proporcionado que el de Leon. Su pecho era amplio, con un ligero vello en el centro. Su abdomen era plano, con líneas musculares marcadas, y más abajo, el suyo ya estaba tenso, listo.No me resistí. Nunca pude resistirme a Adrian.Se acercó. Sus labios besaron mi cuello, haciéndome estremecer.Me recostó en el sofá. El pijama de seda de él, demasiado grande para mí, se deslizó por mi hombro, dejando ver mi piel pálida. Adrian besó mi hombro, lentamente, como si acariciara una antigüedad preciosa.—Haaah… Adrian…—No tengas prisa. Esta noche tenemos tiempo de sobra.Su mano apretó mi pecho, lenta, suavemente, no como la brutalidad de Sebastian ni la precisión de Leon. Adrian tenía su propio estilo. Sabía exactamente dónde tocar, con qué presión, a qué ritmo.—Uuugh… eres muy bueno, Adrian…Sonrió entre besos. —He practicado mucho.—¿Con quién?—Secreto.Reí,
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