Acababa de quedarme dormida en brazos de Adrian cuando unos fuertes golpes en la puerta interrumpieron mi sueño.
Adrian se levantó con un movimiento rápido. Su rostro, que antes estaba tranquilo, se tensó. Tomó sus pantalones, que estaban tirados en el suelo, y se los puso a toda prisa.
—¿Qué hora es? —murmuró, mirando el reloj de pared—. Las tres de la madrugada. ¿Qué le pasa a este tipo?
Me senté en el sofá, tirando de la manta para cubrir mi cuerpo desnudo. Mi corazón latía con fuerza. Leon