Varios días después de aquella compra, mi vida se sentía como un sueño. Empecé a acostumbrarme a recibir transferencias de dinero de Adrian y Sebastian.
No las rechazaba, porque ya estaba cansada de ser pobre.
Hoy, Sebastian me invitó a su oficina. Ya había oído hablar del rascacielos que poseía en el centro de la ciudad, pero nunca lo había visto en persona.
Y en cuanto entré, se me quedó la boca abierta.
El vestíbulo de la oficina de Sebastian tenía tres pisos de altura. Mármol blanco y brill