Tengo unas ganas muy inmensas de abrir el regalo de Elrick; mi curiosidad me exige saber de qué se trata y, después de todo, ya acepté el obsequio. No es raro que lo revise, aunque, siendo honesta, debería contenerme hasta llegar a mi casa. Todas las veces anteriores que rechacé sus detalles nunca me había detenido a pensar en qué podría haber dentro. No sé si esta vez, por el simple hecho de tenerlo ya en mis manos, mi mente se permite vagar por la galería de la imaginación. ¿Qué podría ser? ¿Un brazalete, un collar, tal vez unos pendientes? Esas opciones son las que golpean mi mente al leer el nombre de la costosa marca europea impreso en el empaque.No aguanto más el impulso. Me decanto a abrir la caja, decidida de una buena vez a romper la intriga. Después de todo, no corro el riesgo de pasar ninguna vergüenza frente a Elrick, ya que partió hace bastante rato de regreso a su oficina.Mis dedos se adentran en la fina bolsa de papel duro, extrayendo una elegante caja de cuero con el
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