El olor a pintura fresca y a jardín recién regado era el mejor recordatorio de que la tormenta finalmente había quedado atrás. Dos semanas después de que a Diego le dieran el alta en el hospital, y con el cabestrillo ya guardado en el clóset, nos mudamos oficialmente a nuestra nueva casa. Era un lugar hermoso, tal como él me lo había descrito: espacioso, inundado de luz natural y con un enorme patio trasero lleno de árboles donde Alejandro, que ya gateaba e intentaba ponerse de pie apoyándose en los muebles, pasaba las tardes riendo. Rocío se mudó con nosotros, ocupando una de las habitaciones de huéspedes; ella seguía siendo mi cable a tierra y la tía consentidora de mi hijo. Carlota y Marcos Jr. ya no eran más que un mal recuerdo. Gracias a la impecable gestión de Sofía y a las pruebas contundentes del tiroteo, ambos enfrentaban una condena severa en prisión por intento de homicidio, extorsión y portación ilegal de armas, sin derecho a fianza. Los lobos habían sido encerrados en j
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