Capítulo 94. El pequeño intruso
—¡Arlo, basta! No marees a tu profesor de matemáticas con esas preguntas.Aletta soltó un largo suspiro mientras miraba a su hijo, que apenas tenía ocho años.Arlo permanecía sentado muy derecho en su silla de estudio; su uniforme escolar seguía impecable, sin una sola arruga.Su rostro era una mezcla perfecta: la mandíbula firme de Adrian y la mirada de Aletta. Pero detrás de esa apariencia inocente, su mente trabajaba el doble de rápido que la de los niños de su edad.Frente a él, el profesor se secaba el sudor de la frente con un pañuelo. El hombre, de mediana edad, parecía agotado, como si acabara de perder un acalorado debate, aunque en teoría solo estaban repasando los fundamentos de la aritmética.Arlo acababa de bombardearlo con preguntas sobre por qué el sistema decimal debía ser el estándar, y si existían otras civilizaciones que usaran bases distintas para medir el tiempo.—Solo tengo curiosidad —respondió Arlo con calma—. Si las matemáticas son el lenguaje del universo, ¿p
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